Bitácora de primavera N° 1

agosto 16, 2018

¿Quieren que les cuente? ¡¡¡Estoy feliz!!! Dejé de andarme paseando entre los acontecimientos de La Pala como un fantasma, husmeando por todos lados viendo como se sucedían las cosas igual que en ese canal de la tele donde muestran a los hinchas y no el fútbol. Sí. Por fin me inscribí en un seminario del súper maestro David Escalante sobre #CONSTRUCCIÓNDEMUÑECOS.

En este espacio cultural se aprenden muchas cosas con sentido, el teatro por ejemplo, teatro realista, teatro lambe lambe desde la miniatura, teatro de títeres o marionetas y ahora muñecos gigantes. En realidad hace sentido también el nombre del Espacio: «La Pala», una herramienta para labrar la tierra, para labrar nuestra vida con el arte, una herramienta para un trabajo sistemático y arduo, paciente y silencioso y sin embargo lleno de amor y de esperanza, un camino, un proceso.

Pero déjenme contarles como fue mi primera clase o mi primer día en el seminario. Un grupo humano divergente y atiborrado de ideas y brillos de distintas tonalidades todos con más o menos experiencia -salvo yo que no tenia ninguna-, recibimos la primera lección: «el espacio se conserva limpio». Después hablaría de reciclaje y de técnicas, incluso me enseñó a utilizar la cartonera.

Los más avezados rápidamente seleccionaron sus materiales y eso no me dejó mucha elección, a pesar de que yo me había informado e investigado sobre insectos sobre las formas del que escogí. Finalmente opté por seguir el consejo de otro integrante y hacerme un esquema para determinar exactamente que es lo que necesitaba y cómo lo iba a lograr. Quiero que mi insecto repliegue y estire sus alas, que al agitarlas mueva el aire, que le brille su cola y que además haga ruido. ¿Quiero demasiado verdad? Es que el arte trata también de eso, de soñar y de traer ese sueño al mundo real de cambiar mi universo para cambiar al mundo y ya di un gran paso, me decidí a aprender.