Bitácora de Invierno # 1

mayo 20, 2018

Bitácora de Invierno N°1.

La gente admira a los que sobresalen con grandes muestras de inteligencia como a Einsten o Graham Bell o a los jugadores de fútbol, como Bravo o Alexis y hacen bien. En esos universos que se conectan con los nuestros ellos son dignos de aplauso y admiración. En el mundo del arte y la cultura también hay maestros y genios. Hace algunos días estuvo por acá un grande de las marionetas que vino a dejarnos un poquito de lo que sabe. David Escalante hizo el taller «Jugando y creando» que terminó con una muestra muy simpática donde pudimos ver las creaciones de los estudiantes. Debo reconocer que me fascinaron pero mi preferido fue un viejito español muy seductor que articulaba muy bien sus brazos y piernas. Cobró vida este viejito hecho de papel de diario, géneros, polcas, mucha imaginación y mucho amor. El maestro observaba, dirigía, corregía, en una palabra: enseñaba. Daba la impresion de estar en un plano donde los estudiantes sólo podían aspirar a ver sus pies. Y no. Al contrario. Yo me paseaba como un fantasma entre ellos para que no se notara mi mediocridad y hablaban sonreían se reian, compartian, mientras las manos se movían ágiles y las voces cambiaban de sonidos inyectándoles vida a sus creaciones. Un día, mientras esperaba el momento del taller, este Maestro se encontró con una nide unos cinco años, chinchosa y de las que usan tablet. Yo que observaba, ya les dije, como fantasma, me vi ante un verdadero acto de magia: en el patio que está antes de la carpa había una estaca de fierro donde la niñita se subió tratando de mantenerse en equilibrio y el Maestro la tocaba con su dedo índice en el hombro para hacerla caer con tanta suavidad que obviamente la niña no se caía, ella a su vez tocaba al maestro del mismo modo y él hacía exagerados movimientos simulando que perdía el equilibrio. Las risas de ambos eran tan naturales, tan llenas de vida y de afecto que me conmovió. Solo un grande, un artista y un maestro como él puede lograr un momento así, porque le sobra sabiduría, le sobra humildad para saberse genio y aún entender que es un don que está destinado a compartir. Gracias por eso Maestro David Escalante